viernes, 2 de enero de 2015

HEBERTO PADILLA

EXILIOS


     Madre, todo ha cambiado.
     Hasta el otoño es un soplo ruinoso
     que abate el bosquecillo.
     Ya nada nos protege contra el agua
     y la noche.
     Todo ha cambiado ya.
     La quemadura del aire entra
     en mis ojos y en los tuyos,
     y aquel niño que oías
     correr desde la sala oscura,
     ya no ríe.
     Ahora todo ha cambiado.
     Abre puertas y armarios
     para que estalle lejos esa infancia
     apaleada en el aire calino;
     para que nunca veas el viejo pedregoso
     camino de mis manos,
     para que no sientas deambular
     por las calles de este mundo
     ni descubras la casa vacía
     de hojas y de hombres
     donde el mismo ayer sigue
     buscando soledades, anhelos.

(Cuba, 1932)  Quizás el más importante de los poetas cubanos actuales.  Ha publicado, entre otros: Las Rosas Audaces, 1948, poesía;  Buscavidas, 1960, novela; El Justo Tiempo Humano, 1960, poesía; Fuera del Juego, 1968, poesía; El Hombre Junto al Mar, 1981, poesía, y En mi jardín pastan los héroes, novela.


viñeta: Ileana Andrea Gómez Gavinoser
Nº 17 SEPTIEMBRE 2013

ISAAC FELIPE AZOFEIFA

POEMA VI 
                  ¿Tú me dejas aquí o partes conmigo?
                   ¿Estoy dentro de ti o es que me llamas?
                 ¿Vives única en mí o encuentro el mundo en ti, contigo?
                 El orden de las cosas en que te amo,
                 ¿dónde empieza o acaba?
                 Ahora está el silencio aposentado
                 en la rosa del aire
                 y un árbol cerca trina entre los pájaros
                 para sombrar tu sueño, ¿o es mi sueño?
                 ¿Es ésta una prisión o acaso el vasto cielo
                 empieza aquí donde tus pies
                 tocan juntos la tierra, o es la luna?
                 De pronto entro en la luz que ya habito
                 y mis ojos se encuentran con tu frente.
                 Busco salir de ti y te llevo dentro
                 de mí, sin encontrarte.
                 Sin cómo, dónde o cuándo
                 Ciego en la luz con mi mirada abierta
                 a tanta multitud de ti que ando
                 extraviado en la noche en la mitad del día.

Santo Domingo de Heredia, Costa Rica (1909–1997), OBRA POÉTICA: La voz de las cumbres patrias (1928);  Trunca unidad (1958); Vigilia en pie de muerte (1961); Canción (1964); Estaciones (1967); Días y territorios (1969); Cima del gozo (1974); Cruce de vía (1982); Órbita (1997).

Nº 17 SEPTIEMBRE 2013

TODOS SUEÑAN-REPORTAJE A Eugenio Mandrini



Por Carlos Norberto Carbone
TODOS SUEÑAN


Las niñas de cera del convento sueñan con un sátiro, saber del ojo ido,la sonrisa exhausta
Un ciego sueña que las sombras se derrumban; un mudo que arenga en
las barricadas: un sordo que oye los latidos de una bella
Un pájaro enjaulado sueña que ladra para espantar al gato que le hiela las alas
El pan sueña que entra en la boca de todos; la mentira también. En la puja el pan entra en menos bocas
El mar sueña que retrocede cuando llega, con pasos de viaje, Alfonsina
Cristo continúa soñando con una tenaza
Los locos sueñan que tienen razón, aún entre las humaredas del desastre
El fuego sueña que el mar es una llama mojada
El silencio sueña que su latir amordazado emergerá un día para estallido de los tímpanos
Un ataúd sueña darle descanso a un insomniado
La mujer más oscura de la tierra, la no alcanzada ni de un reflejo de
luciérnaga, sueña con una cama inmensa como el cosmos donde la
aguarda Dios: él, untado de luz, ella, desnuda como la dicha, y ya no despierta
El sueño, a su vez, sueña que todo es sueño, aún el sueño, y que el
despertar también es sueño, y que todo sueño aún puede suceder, y
quizás ahora mismo esté sucediendo
La libertad, esa ilusa, sueña que aún no ha sido violada
La imaginación sueña que después de cada viaje regresa a la cabeza de los locos: su casa
Ella, la que persigo, no me ama: sueña con una ardiente luz y yo apenas soy ardiente en la penumbra

La canción, esa otra ilusa, sueña que apagará el estruendo de la bomba
La muerte sueña con la muerte del sueño, porque todo sueño engaña al invierno, al olvido y a la herrumbre, hijos dilectos de la muerte
El ojo sueña que cesa de llorar; la herida que cesa de sangrar; el corazón que cesa de ser engañado
La ilusión sueña que si desapareciera de la tierra, llegaría la noche, como carbón derramado, a cualquier hora del día
El arte sueña que va a salvarnos de las pesadillas de la realidad. ¿Pero quién nos salvará de las pesadillas del arte?
El infierno sueña que alimenta a sus perros con carne de bombero apasionado
La rosa sueña con la belleza imposible, es decir, sueña con ella misma
El dolor entrecierra los ojos e intenta soñar, pero no puede engañarse: el dolor, en su diaria tarea, no se da tregua; el dolor no sabe ni nunca sabrá soñar.
El dolor es así, piedra en la carne
El goce, a su vez, también quiere soñar, pero tampoco puede, porque el goce, en sí mismo, se parece demasiado al dolor: ambos gritan, ambos se retuercen, ambos son piedra en la carne
El amor sueña que no es sólo latido ciego y gemido tambaleante
Un perro sueña un sueño más espléndido que desenterrar un fémur de elefante; sueña que pronuncia la palabra Madre y desciende en la luna
Que la poesía no sea una fugaz salvación, un desolado consuelo, es mi sueño, que no deja de volver.


Algunas preguntas


CNC
Ser el ganador por unanimidad con el poemario «Conejos en la nieve» del premio de Poesía Olga Orozco, organizado por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) a través de su revista Nómada y la Cátedra Abierta de Poesía Latinoamericana, que contó con un jurado de lujo: el poeta español Francisco Gamoneda, el argentino Juan Gelman,el chileno Gonzalo Rojas –los tres premio Cervantes– y Jorge Boccanera. ¿Qué repercusiones produjo en vos y en tu poesía?

EM
Haber alcanzado dicho premio fue como entrar en un estado levitante, que me produjo asombro y bienestar. Mientras flotaba en el aire, me sentí más cerca de los pájaros y los fantasmas. En cuanto a mi poesía, me hizo saber lo que ya sabía: que el poema es una palpación en la oscuridad. Algo así como encontrar lo que no se buscaba. Las peras del olmo, en fin.

CNC
Vos hablás que la poesía tiene que tener una estructura visual, ¿podés ampliar un poco este concepto?

EM
Para mí la página en blanco (digo página y no pantalla porque nunca traicionaré a mi Remington) tiene especialidad. En tal sentido el poema debería navegar en ese cosmos hasta perderse en algún agujero negro o estrella muerta. Me disgusta ver al poema sentado en una silla mirando pasar al tiempo. Me inmoviliza la recta, me mueve la curva. Además de belleza, emoción, sobresalto o estupor, creo que el poema pide también voluntad de forma.

CNC
Shakespeare, Dylan Thomas, Tuñón, Enrique Molina, ¿qué otros nombres pondrías en esta lista?

EM
Entre nosotros: Giannuzzi, Castilla, Aulicino, Boccanera, Madariaga, Gelman. Algo más allá: Neruda, Vallejo, Huidobro. Más lejos: Stevens, Auden, Milosz, Claudel, Brodsky, Heaney. Y no me olvido de ellas: Orozco, Gruss, Dickinson, Plath, Bishop, Moore. Como se ve, amo el eclecticismo: tiene todos los ojos.

CNC
¿La poesía es un intenso ejercicio de preguntas?

EM
No, no es tan así. Las preguntas integran uno de los componentes de los que se vale el poeta. Si ellas se transforman en un recurso obsesivo, se diluyen y mueren. Sólo se trata de encontrarles el espíritu, la fuente de significaciones, no su sistematización.

CNC
Hiciste periodismo, historieta, canciones, poesía, cuentos, microrelatos, ¿con  cuál expresión te sentís más identificado?

EM
Allá lejos intuí que no basta caminar por una sola calle; están también los callejones, las avenidas y, en especial, las cornisas, patrimonio de los gatos. Desde allí las palabras parecieran emerger más enigmáticas, más sinuosas, más felinas.

CNC
¿Cómo es esto que tenés 140 años?

EM
En realidad son 135. Los cumplí en diciembre, es decir, que soy de sagitario, aunque nosotros, los sagitarianos, no creemos en los horóscopos. Sucede que yo soy mi padre. La suma de sus años y los
míos, forman esa cifra cuantiosa. El dejó huellas de gliptodonte por donde laboriosamente camino.

CNC
Sos Académico titular de la Academia Nacional del Tango, contanos un poco del tango y qué poetas te entusiasman

EM
El tango, esa diablura de Dios, es un fenómeno muy singular compuestode cuatro artes: la música, la poesía, la interpretación y el baile. Y en el caso de la poesía encontramos allí a creadores que supieron ascender a la fase superior de la letrística, que es la de ser poetas de la canción, algunos de cuyos textos, además de ser cantables, resisten la lectura solitaria del poema. Van un par de pasajes como ejemplo: «¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste? / ¿Dónde estaba el sol que note vio?» (Canción desesperada, Discépolo); «Tus tangos son criaturas abandonadas / que cruzan sobre el barro del callejón / cuando todas las puertas están cerradas / y ladran los fantasmas de la canción»
(Malena, Manzi). No es poco.

CNC
También tenes un gran amor por el ballet y la ópera, ¿son fuentes de inspiración?

EM.
Ya de niño, a los 5 años, los domingos, mi padre encendía el Winco en el patio del inquilinato donde vivíamos, atronando con ópera a todo el barrio. De ahí me viene la pasión por esa música y esos cantantes cuyas voces fueron mis primeros héroes, mucho antes que Salgari, que Verne, que Poe.

CNC
También sé de tu pasión por el fútbol, ¿tenés algún recuerdo de esos jugadores que hayas visto y te hayan deleitado?

EM.
En realidad todavía hoy, al pasar por la Av. La Plata, latitud del Gasómetro, los veo, haciendo jueguitos, a los Farro, Pontoni y Martino del ’46. Es que para mí San Lorenzo (haciendo abstracción del presente) es un cuadro grande como los cuadros de Van Gogh.

CNC
¿Sigue habiendo un tigre en tu almohada?

EM
El tigre, ese perro de fuego, seguirá en mi almohada hasta que aprenda a aullar conmigo cada vez que el mundo esté por estallar.

RAÍCES
Con el último golpe del hacha, el árbol cae pesadamente al suelo. Sin embargo, los pájaros permanecen inmóviles donde antes estuvieron las ramas. Acaso porque sólo son la sombra de esos pájaros. Acaso porque esos pájaros miraban demasiado la distancia y la distancia los hipnotizó. O acaso porque la memoria del árbol muere después.


SIN NOVEDAD EN EL CIELO
Al principio desconfiamos –pensaba el león que había sido el rey de la selva y ahora, por extensión, lo era del arca-. Creíamos que nos habían apretujado a todos aquí adentro, entre hedores y sofocación, para llevarnos al matadero y hacernos desaparecer. Después, cuando nos dijo que el sentido era
salvarnos del inminente diluvio universal, eso nos consoló y le creímos. Pero desde entonces sólo cayeron tres gotas desabridas, y ya hace largo tiempo en que todo es rugiente sol de día y límpida luna y estrellas de noche. Ni una nube siquiera en el ojo de alguno de nosotros. Da miedo todo esto. ¿Adóndenos lleva este hombre?

Nº 17 SEPTIEMBRE 2013

Miguel Ángel Pérez: EL QUE CONOCE LA COPLA

POR: Santiago Sylvester

Hay una savia antigua que viaja desde hace siglos a través del lenguaje. Se trata de un regusto, de una manera de usarlo, que comenzó a formarse cuando el castellano todavía conversaba con el latín. En esa época fue fraguando una prosodia, casi una entonación que va y viene, que a veces se pierde y de pronto reaparece; y que es un caldo fuerte, lleno de sustancia y contenido, donde se cocinó una expresión que representa bien, y mucho, a la cultura popular: la copla.
Estoy hablando de España en el siglo XV, tal vez XIV, cuando las sátiras, el humor, las sentencias y la intención llegaban versificadas, y es por entonces que se definió en nuestro idioma esa cuarteta de ocho sílabas que, hasta hoy, no ha perdido vigencia. El gusto por la copla marcó a fuego la cultura del Norte argentino; y se puede recordar que un sello fuerte de esa región, como es la baguala, proviene de un injerto prodigioso: un sincretismo entre la música andina, pre-colombina, y la copla española; un encuentro, tal vez un encontronazo, que dio origen a ese quejido doliente, y a la vez lleno de alegría, que es una de las expresiones más genuinas del Norte.
Miguel Ángel Pérez, o mejor Perecito, se alimentó de esa mezcla, y de ella sacó sus mejores razones para plantarse como un poeta que, aunque se haya ido, seguirá mucho tiempo entre nosotros.
Fue un conocedor serio, honrado, de los secretos de la copla, y los usó toda su vida, siempre buscando el «algo más» que tiene que dar esa expresión de forma fija. Perecito, como buen vallisto, tenía el don de saber usar los silencios del Valle Calchaquí, y la copla se presta para mostrar ese reposo anímico. En ésta es evidente, se oye el silencio:

Qué triste allá en Angastaco
cuando acaba el carnaval,
se van secando las viñas
y se agranda el arenal.

Sabía la medida de ese conocimiento antiguo, la proporción del mundo y la discreción para contarlo. Porque todo esto exige la copla. Conozco desde mis remotos veinte años una copla de Perecito que siempre me ha parecido un ejemplo de la medida justa, de la discreción que está en el espíritu del cancionero, y quisiera explicarlo un poco. La copla dice:

Cada que se oyen las cajas
me acuerdo de un carnaval
que me agarró por San Carlos
y me soltó en El Barrial.

El arranque exhibe lo más auténtico de la oralidad: la copla es, sobre todo, para ser oída, y ese primer verso es la síntesis de una totalidad. Pero hay algo más sutil, que expongo brevemente porque ahí aparece el uso de esa proporción de la que hablo. El carnaval, dice la copla, lo agarró en San Carlos y lo soltó en El Barrial: dos lugares del Valle (un pueblo y un paraje) muy próximos entre sí, zonas vecinas; por eso siempre pensé: Perecito no exagera porque sabe de qué habla y, en consecuencia, cuenta una experiencia verdadera. No me refiero, por supuesto, a que ese «encuentro» entre él y el carnaval haya existido de verdad, esto no importa en absoluto; lo que quiero decir es que cuenta una experiencia poética verdadera: hay allí una verdad de fondo que tiene que ver con la poesía, no sólo con una anécdota. Es muy probable que un poeta desconocedor de la mesura hubiera exagerado aquella fiesta, buscando un resultado jocoso, y hubiese terminado uniendo Ushuaia con La Quiaca. Perecito, no: y no se excede porque no sólo conocía la geografía sino, sobre todo, la potencia de lo justo, la fuerza de la medida específica. No estaba preocupado por una gestualidad sino escribiendo una copla; y no es poesía todo lo que viene con esa forma.
Él mismo reveló su secreto, y lo hizo como sabía: no dando explicaciones sino acercándonos la clave de por qué la copla fue para él lo natural, lo más cercano a su respiración; enunciando, sin proponérselo, una especie de «arte poética» al paso:

Por las coplas no me apuro
mientras tenga la tonada;
cuando el cerco está seguro
solita entra la majada.

Esta mesura (esta sabiduría) la tuvo para hablar de la lluvia, del amor, de la muerte y, lógicamente, de la vida: algo en lo que Perecito también fue ducho; ahí están sus ochenta y dos años gastados intensamente, como el buen amigo, como el buen poeta, como el buen coplero que fue.


Coplas de Miguel Ángel Pérez

Entre Cafayate y Chimpa
se me ha perdido una copla,
dicen que la hallaron muerta
llena de arena la boca.

Tengo una copla nuevita
que no encuentra su con quién,
y tengo una copla vieja
que está dele florecer.



La lechuza cuando es noche,
sentadita en una rama,
con un ojo mira el mundo
y con el otro lo cambia.

No pregunto por el precio
cuando ando de comprador,
si me calza bien la prenda
pago, la enanco y me voy.

Por el río Lorohuasi
ayer cantó un tolombeño
y hoy amaneció solito
sobre la playa un sombrero.

Ya me estoy volviendo lento,
ya me estoy medio cansando,
y’ ando mirando pa’l suelo,
quién sabe qué ando buscando.

Sabía haber una carpa
en los pagos de Los-Los,
donde cantaba Albecita
y llorábamos los dos.

La pucha con este olvido
no había servido de nada,
en cuantito me descuido
me mira con tu mirada.

viñeta: Ileana Andrea Gómez Gavinoser
Nº 17 SEPTIEMBRE 2013


EDITORIAL


Una revista es la síntesis de un pensamiento, de una manera de ver la realidad preexistente, una configuración de un sentir propio, un ideario de cierto universo que nos circunda. De igual forma, una revista de poesía trasunta una conceptualización, una postura en derredor de la poética. Alberga todas las frecuencias ínsitas en cada una de sus colaboraciones y no puede distanciarse de la arbitrariedad, pues los que deciden su conformación son aquellos que la dirigen; sin embargo, esa concepción de un signo original puede encontrar una disolución severa, si sus componentes conciben la horizontalidad y la inclusión mayoritaria al igual que una bandera, que un principio de acción.
Traigo a la memoria la primera editorial, que allá por el año 1991 hiciera su entonces director Carlos Weisse. Él se referenciaba en ese instrumento feroz y escalofriante llamado la guillotina. Hoy quiero desligar de la historia esa denominación que forjara en La Giralda el poeta Marcelo Actis. «La Guillotina», ha llegado para cortar la desmemoria, viene a cercenar la criticable manía de auto referenciarse de los grupos literarios, llega con el filo de la conciencia plena que la palabra poética es de todos y no un privilegio de algunos. En definitiva, La Guillotina, pretende ser una construcción colectiva.
Este nuevo número, es un compendio de todas las veredas que conforman la ciudad de la poesía, donde transitan el ensayo, la investigación, el cuestionario, la entrevista, el poemario amplio, el rescate memorioso, la actualidad, el activismo poético, las nuevas tendencias y la breve antología.
Tanta policromía, se presenta en el formato revista - libro, como aquella nacida en 1991. Esta identidad de concebirla tiene sus predecesoras, Hora de Poesía en España dirigida por Javier Lentini y también La Danza del Ratón y Último Reino en Argentina, que llevaran adelante Javier Cófreces y Víctor Redondo respectivamente.
Esa guillotina francesa desintegraba, ésta y las que vienen pretenderán integrarnos en la belleza de la poesía.

CAYETANO ZEMBORAIN
Nº 17 - SEPTIEMBRE 2013

lunes, 28 de enero de 2013

ÉLIDA MANSELLI

FOTO DANIEL GRAD


La Asociación de Poetas Argentinos despide con inmensa tristeza a la poeta Élida Manselli, que nos dejó el sábado 26 de enero.

PREPARA TU EQUILIBRIO

Descendía tu alma.
Era tu pecho abierto y pliegues de piel pura, pura de diosas aguas y misterios de la respiración.
Toma el favor de la ambrosía, la silenciosa de los tiempos , y sigue
bebiendo el dulce de la quemazón en la costa.
Acerca tu cuerpo liviano, que no hay Alcázar, Olimpo nacidos para tu
bravía especie.
Prepara tus crines livianas de la orden de los sentidos, y cree, cree,
como yo aunque poco sea fundado para la vida.
Enciende tierra y abismo, desterrado aquél que ha cavado el propio
abismo del nacimiento.

El sauce ilumina tu cerrazón en la espera pequeña, el vaho del otoño
envuelve.
Enhebradora la tarde de los sonidos, mitigadora de la fe esta tierra que
se hunde en la visión, estos sueños que se retrasan y se
hunden.
Prepara tu equilibrio mi montado en nubes, el paso de los cerebros es
dudoso en las tinieblas.
Prepárate a rendir que yo no atrasaré la rama de laurel en tu frente.

ESTALLA

Golpea Dios
para saciar, rodear
fundir los brotes de luz
y enceguecerme,
descubro la profunda carne que puebla mis días,
cuando el presente es un don,
gloria brillante,
campanillas en las voces del aire,
que estalla, estalla rama fértil del invierno
en esta caducidad de todo.
Bebo cuando me alumbras
deslumbramiento secreto
como al ángel imposible que bebe su reino,
de espacios que se secan, que florecen
aún caídos, dolientes y no se doblegan.
Hemos rodado con las cabalgaduras
cuando se estrellaba un siglo en las últimas aguas.

¿ Quién llegará a relevarnos
desde el fondo de una quimera
que un ramo de Dioses desentierra?
- MANANTIALES QUE REINAN (2005)

FOTO DANIEL GRAD