martes, 29 de septiembre de 2009

Canto a Estanislao LÓPEZ de Ricardo RÍOS ORTÍZ

POR NORA DIDIER DE IUNGMAN

Toda obra de arte significa memoria y conciencia, significa la historia más íntima y veraz del hombre. Y es porque en tanto la poesía es parte del hombre, del ser en relación a su poder unitivo y comunicante, representa la intravia por donde corre la verdadera historia de la humanidad, circunstancia que la une al gran Espacio y al gran Tiempo, es decir, la zona sagrada, el mundo de los valores, la esencia del ser.
Desde CANTO A ESTANISLAO LÓPEZ, del escritor Ricardo Ríos Ortiz, nos referimos a patria, honor, grandeza y bravura de un hombre, de un héroe. En palabras preliminares, el autor declara: “…muy poco se ha escrito sobre la vida y obra de nuestro máximo caudillo, en el genero poéti-co”…“la inconmensurable grandeza de la que hizo gala debe tener el sincero homenaje de su provincia en una epopeya de magnitud”. El escritor abre la puerta para que la gesta siga contándose y lo hace “…con un sentimiento historia del que…estoy plenamente orgulloso”.
Esta nueva obra de Ríos Ortiz puede representarse en dos planos para su análisis. El llamémosle – plano real histórico (que se nutre del legitimo saber del autor), reflejo amplio, variado y totalizador de una época y de la vida de don Estanislao López; una especie de reconstrucción del pasado a partir de un YO –histórico- firme, minucioso y objetivo, que toma los hilos del discurso narrativo, transitando los caminos del viejo Epos. Una vez transpuesto este fino pero profundo hilo conductor. Ríos Ortiz plasma la visión de una gesta heroica con exclusiva finalidad poética, allí precisamente, se hallan presentes la admiración y el orgullo. Entonces, el canto, el sentimiento de elogio, es moldeado por el creador en unidad lírico-épica, de tono espiritual. De esta manera, la actitud poética (el otro plano), la fundamental expresión del canto, queda amalgamada a la actitud épica; digamos una trabazón que se observa en el vigor del canto. Por ahí desfila el héroe y nuestra historia tejida en luchas donde esta en juego el presente y el futuro del territorio. Y la figura de Don Estanislao se yergue: “sacude el león su melena./Ruge y el músculo estira./Sagaz comprende el instante,/la necesaria premisa/que vuelva el desborde al cauce/sin templazas que transijan”…”Y el bravo va y al Cabildo/ desaloja de sus sillas”…”Ahora su voz es Gobierno./La vida santafesina/se torna a sendas sin discordia/sobre su antigua hidalguía”. La fe y el coraje rodean no solo la estampa del caudillo, sino a todo el pueblo, a su tierra en valiente altura: “(¡Santa Fe litoraleña,/David de los argentinos;/tu gloria es gloria de grandes/pues son gigantes tus hijos!”. Hay un animo jubiloso que el poeta transmite integro y puro desde la palabra.
No sólo la contienda es todo en la vida del protagonista, también existe otra “batalla”, hermosa lid donde la ternura del discurso lírico hace recordar al Poema del Mío Cid: es el encuentro con Josefa del Pilar, su futura esposa. Los verbos de las contiendas guerreras: cabalgar, andar, marchar, luchar, se atenúan en el cauce emotivo. El manejo del lenguaje se hace fecundo en el arte de narrar los encuentros en el amor: “Que brillan los ojos negros/donde pose su mirada/pues la mujer casi niña/se le ha ganado el alma./Idilio pronto, perpetuo,/que une al héroe y la muchacha/y se pone en noches serenas/su estrofa de serenata”.
Después vuelve el fragor del combate y las victorias: “Al paso de sus corceles/el campo tiembla y las hojas/de los árboles susurran/en himno verde, la historia”. El autor se acerca de buen grado en este canto, a un romanticismo que no se pronuncia como en discordia con el espíritu de los antiguos cantares de gesta. Los peligros llegan desde todas direcciones, y el brigadier debe enfrentarlos: sus adversarios políticos, los españoles, los indios. La descripción de la batalla contra los ranqueles al mando de Lienan, es un ejemplo del movimiento que los verbos le imprimen a partir de precisas ubicaciones, a to-da acción. La abundante pero ajustada adjetivación, es una imagen vivida de cuanto ha acontecido en ese momento: “A ritmo de polvaderas/la abierta pampa se mueve./Es el retumbo de cascos/del ma-lón de los ranque-les/derramándose en los campos/ a guión de rapiña y muerte”. Los triunfos del pueblo san-tafesino son destacados con construcciones exclamativas tanto en el alerta frente al peligro, como en la alabanza después de la victoria. La figura del héroe esta siempre en el centro de grupos semánticas que patentizan su probidad, en toda situación y desde todos los ángulos, e idéntica estructura se pone de manifiesto en relación al pueblo y al suelo santafesino: “Medalla suma en el pecho/la vara con que administra,/ni brilla hinchada su bolsa/ni la riqueza le guía/y una áurea cubre el letargo/de su momento en familia. Los pareados revelan el afán de exaltación del Yo lírico ante los hechos, y se conforman a partir de un sentido especifico, a manera de estribillo, con la vehemencia formal, el sentimiento autentico y la genuina invitación al lector para que participe en ese pasado que es nuestro, que nos enorgullece: “¡Llora tu duelo!”, repetido in crescendo en el ultimo canto: “El brigadier ya no esta” (1938).
¿Y cuál es la verdadera historia?-me interrogo. Creo que es ésta, hecha de fervor, de amor propio, de esperanzas; la que corre subterránea, y que sólo tiene a la otra como importante, meticulosa dedicación de historiadores.
PUBLICADO EN EL Nº 14 INVIERNO 2008

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