miércoles, 30 de septiembre de 2009

MUJERES POETAS EN LA PATAGONIA

LA POESÍA: UNA MIRADA DE EXTRAÑEZA EN EL MUNDO
POR GERARDO BURTON
Tienen entre treinta y poco más de cuarenta años y desde sus textos dan batalla contra el silencio al que la cultura occidental confinó históricamente a las mujeres. Mantienen una peculiar relación con el lenguaje como “campo a conquistar”. En sus poemas, más que temas o estéticas similares, el denominador común son la ideología y los ámbitos. En la selección se incluyen cinco poetas de Río Negro y Neuquén, cuyas obras demuestran la vitalidad de la poesía en esta parte de la Patagonia.

NEUQUÉN.- Fuera de los circuitos comerciales, con una obra que se difunde a través del correo electrónico o, en el mejor de los casos, en ejemplares de factura artesanal o casera, las poetas mujeres tienen construida una voz y ocupado un espacio en la cultura de esta parte de la Patagonia. Más que por una estética o tópicos comunes, se las puede identificar por su concepción del lenguaje como fundante del ser y por tratarse de un “campo a conquistar”, que debe ser “politizado y desnaturalizado” para desechar definitivamente presupuestos y prejuicios.
Cuatro poetas cuyas edades oscilan entre los treinta y poco más de cuarenta años, coincidieron en la existencia de un “ambiente común” más que un paisaje unificador en la poesía regional y en una tendencia a “narrar el adentro, lo íntimo”, como una marca generalizada en sus textos. Sucede que la poesía es el género más cultivado por escritores y escritoras en esta parte de la Patagonia, pero también el que desecha el establishment cultural.
Para Macky Corbalán, Griselda Fanese, Valeria Flores y Vanessa Arroyo –sólo las dos primeras con libro publicado-, la discusión sobre la cultura y la poesía también plantea una cuestión de género: el silencio al que fueron confinadas históricamente las mujeres es más que un dato, es un lugar desde donde se habla.
Para Macky Corbalán, Griselda Así existen “pequeños vacíos” que se llenan con la escritura –Vanessa Arroyo- o “silencios que bullen, que sedimentan” y a partir de los cuales se genera una “pulsión productiva, que talla desde dentro” –Valeria Flores. Con ese escenario, aunque “seguimos educadas para callarnos la boca”, en la poesía “aparecen las voces de los otros, que se captan como personajes” –Griselda Fanese–.
El rasgo común, más que un ambiente o una temática, “no tiene que ver con la materialidad sino que lo que queda cuando se ha leído”, explicó Fanese. Se trata de “una impudicia que dice todo y donde todo queda como rasgado”.
El paisaje y lo regional “juegan en el poema de una manera diferente” (Flores) porque “también son una construcción”. Estas poetas descreen que “una región geográfica pueda marcar tanto ni la sensibilidad, ni la materialidad, el lenguaje que manejamos ni las búsquedas estéticas. No puedo pensar en términos de geografía” (Fanese).
Las críticas se concentran en los mecanismos machistas y patriarcales que subsisten en las profesiones, en los trabajos, en las carreras y se materializan en las dificultades de acceso –por ejemplo a la lectura– y de participación –la valoración diferente de los aportes de un varón y de una mujer, cualquiera sea el ámbito–.
El dato más generalizado es que “sigue existiendo la subordinación de género. Se nota en el acceso a la palabra, en la producción simbólica, en la lectura. Venimos de hace años de precarización del trabajo y de la vida”. Esta situación “afecta más a las mujeres”, y además, “no hay lecturas en general porque hay una precarización del lenguaje.
El lenguaje es entendido como “la casa del ser” –una cita de Martin Heidegger aportada por Corbalán- y sobre esa base “se escribe desde quien se es”, porque “no es ni neutro ni neutral”.Así, quien escribe, quien asume como material el lenguaje, “confirma o transgrede los derroteros de la cultura. Uno va construyendo, porque el lenguaje es el mite que pone la cultura de lo que se dice y lo que no se dice”, pues es un terreno en disputa de donde “hemos sido desalojadas y ahora queremos recuperar” (Fanese).
Por eso, plantean una escritura que las constituya y que se propone como transgresión. Ahora bien, “¿quién hace la lectura como transgresión; qué elementos hay en la comunidad de poetas o en esta masa crítica para que haga una lectura de esta transgresión, para que esta poesía sea leída como transgresión?”, se preguntó Valeria Flores.
En ese punto, cuestionaron la falta de políticas culturales y de instituciones que cierren el circuito con la edición y la difusión de la poesía, “sobre todo la poesía de mujer” –Arroyo-. Y, finalmente, existe la “sensación de desecho”, de que la poesía está “inferiorizada” frente a los grandes espectáculos –Flores-.

TEXTUALES
* Una tiene una voz poética, pero no está ligada a esa voz para siempre. Me permito ir y fracasar, seguir intentando. A veces se dice más y a veces se dice menos. No siempre se tiene esa seguridad.
Escribo mucho cuestionando la fe. Busco en el vacío, en el desarraigo. Hay pequeños vacíos y escribo para llenarlos. Escribir como hablo; enamorar de la palabra, de manera simple, concisa. (Vanessa Arroyo)

* Escribir “contra el autoritarismo y su versión más ridícula, la solemnidad. Unir las dicotomías: emoción y razón; lúdico y serio; hedonista y trabajador. La poesía deja a uno ser lo que mejor es. Traspasado y mojado de lectura. (Griselda Fanese)

* En Neuquén, más en la capital que en las otras localidades de la provincia, hay muchas mujeres que escriben poesía; en general son muy jóvenes, y muy buenas en lo suyo. Los temas de sus poemas también descuellan: no es que han huido de las casas, de la exigencia establecida por el arquetipo, antes bien, la resignifican, la doblegan, la vuelven habitable.
Y comparten algo más: el obtuso silencio que opera sobre sus textos y producciones (incluso, desde el canon académico), es tan denso, tan sólido que sólo puede responder a una empecinada construcción (intención) humana, heredera de siglos de otros tantos silencios que siguen dejando su cicatriz sobre los cuerpos, sobre las mentes, sobre las posibilidades de las mujeres, escritoras o no. Invisibles, como ranitas fuera de su elemento, igualmente nadan y cantan. Ambos territorios, Patagonia y lenguaje, hostiles para ellas. El primero, por su tradición de construcción viril, erigida como fruto de la imperialista mirada ajena (viajeros ingleses). No había nada allí para ver, nadie, “desierto”, otra construcción de la mirada occidental que seleccionaba lo que ver, que elegía lo que tendría “existencia”. (Macky Corbalán)

* La Patagonia es una cuestión imaginada. Hay referencias al paisaje que se significan y juegan en el poema de una manera diferente. Por ejemplo: el cardo juega en un poema desde muy diferentes lugares. El paisaje también es una construcción.
El lenguaje es un terreno en disputa. Hemos sido desalojadas y ahora queremos pelearlo, recuperarlo. Se puede confirmar el derrotero cultural del sometimiento, de la dominación o no confirmarlo. Las que escribimos no lo confirmamos, no confirmamos el sometimiento. Vemos las cosas desde el género, desde dónde se construye el conocimiento es de por sí transgresor. (Valeria Flores)
PUBLICADO EN EL Nº 15 VERANO 2008

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